La religiosa y el imán que trabajan juntos por los más necesitados en Líbano

Un centro de la Orden de Malta gestionado por las religiosas atiende a refugiados sirios.

Son una religiosa y un jeque. Desayunan juntos, ríen juntos y cooperan. Es Líbano, un país con 17 denominaciones religiosas en el que la vida transcurre sin que uno le pregunte al otro en qué Dios cree.

“Primero, somos hijos de hombres, todos somos humanos. El ser humano tiene que respetar esta humanidad a pesar de las diferentes confesiones. Cada uno practica su religión según los preceptos que Dios ha previsto en ella, pero todo el mundo, sin excepción, comparte los principios sociales, humanitarios y morales”.

“Creo que esta imagen mía con el imán de convivencia entre cristianos y musulmanes es útil no solo para Oriente Medio sino también para una Europa que no está acostumbrada a ver este tipo de convivencia que nosotros tenemos desde hace 1.600 años. Han existido mejores y peores tiempos: Hemos sido perseguidos, asesinados, desplazados pero, pese a todo, está el perdón en el fondo del corazón y hemos sido capaces de recuperarnos y dar el primer paso”.

Este dispensario de la Orden de Malta gestionado por las religiosas de la Caridad de Besançon comenzó a funcionar en plena guerra civil libanesa. Está en la región rural de Kefraya y hoy en día presta su servicio a pacientes de 40 pueblos y también a cientos de refugiados sirios.

Disponen además de esta unidad móvil medicalizada que ofrece atención sanitaria a quienes están más lejos. Por eso el jeque ha visitado a las religiosas hoy, para pedirles si este servicio puede llegar a más lugares de la región.

“Este es un centro vital y muy útil para la zona porque está ayudando mucho a las personas. Sobre todo también por la crisis actual. Está aliviando los sufrimientos de la población”.

“Nosotros tenemos una buena relación con todo el mundo. Cuando una persona nos tiende una mano nosotros respondemos tendiendo las dos”. “Hay respeto por todos y hay convivencia. Los cristianos y los musulmanes convivimos. Ellos saben que estamos a su servicio”.

La religiosa y el jeque son un símbolo del mismo Líbano, un país en cuya convivencia modélica está la fuerza para iluminar la oscuridad que amenaza a todo Oriente Medio.