Franciscano en Rodas: Ayudamos a refugiados sin preguntarles su religión

Imagine vivir en una ciudad en la que uno de cada tres habitantes son emigrantes irregulares. Es el caso de Rodas, en Grecia. Allí, el fraile Luke Gregory dedica sus energías a atender a los refugiados que llegan a la costa.

En 2015, la población pasó de 30.000 personas a 45.000, de los que 15.000 eran refugiados. Los atienden seis policías y dos frailes que deben cuidar también cinco iglesias.

JOHN LUKE GREGORY
Fraile franciscano
“Hay que entender el viaje que hacen desde Turquía. Es muy peligroso y aún más en invierno, porque el mar es agitado y profundo. Además, los traficantes, en vez de llevar a 17 personas en cada lancha, meten a 30. Pagan mil dólares por persona. Por eso la lancha navega a ras del mar y con cualquier movimiento, entra el agua. Se asustan mucho porque no saben nadar y se caen. Muchos mueren en el mar, nunca sabremos cuántos”.

La mayoría de refugiados que llegan a esta isla proceden de Siria, pero también vienen de Irak, Irán, palestinos de Gaza y kurdos. Dice que casi todos son musulmanes, pero que les ayudan sin preguntarles su religión.

JOHN LUKE GREGORY
Fraile franciscano
“San Francisco decía que debemos ayudar a los más necesitados. Así que nunca pregunto a las personas cuál es su religión o de dónde vienen a no ser que me lo pregunten a mí. Yo les pregunto: ‘¿Qué necesitas?, ¿Cómo puedo ayudarte?’. Para mí, esto es lo importante”.

Para ayudar a quienes llegan a las costas, estos frailes piden a los turistas donativos para los refugiados. No se trata de que den dinero, sino bolsas de comida, pasta de dientes, o otros enseres. También les ayuda la asociación italiana “Terra Santa”, de modo que puedan comprarles comida en las tiendas de la isla.

JOHN LUKE GREGORY
Fraile franciscano
“Primero tenemos que ocuparnos de sus necesidades básicas. De que tengan comida, de que tengan atención médica. Pero lo otro que más me preocupa es que los niños reciban algo de educación. Hasta hace un par de años, no tenían acceso a los colegios griegos”.

Para poner remedio la situación de estos 64.000 refugiados en Grecia, ha abierto un colegio en el que las profesoras son madres de los alumnos. Además, cada mes, cuando viaja a Jerusalén como miembro de la Orden del Santo Sepulcro de Tierra Santa, regresa a Rodas con libros y material escolar para los niños.

Dice que además de educarles les ayuda a superar el trauma que han atravesado, para que tanto  padres como hijos se conviertan en miembros activos de la sociedad y contribuyan a mejorarla. Así, tanto los locales como los refugiados pueden beneficiarse de la emigración.