Vicario Apostólico de Turquía: No queremos hacer proselitismo, solo abrir parroquias legalmente

Turquía ha adquirido un protagonismo capital en los últimos años de crisis en Oriente Medio. Más allá de las cuestiones políticas y geoestratégicas, es el país de su entorno que más refugiados sirios e iraquíes ha acogido, aunque la suerte de estos en estas tierras es diferente, sobre todo, en el caso de los cristianos iraquíes. Tienen sus derechos limitados hasta tal punto que no pueden ni cultivar su propia fe por la falta de personas que les atiendan.

MONS. PAOLO BIZZETI
Vicario Apostólico Anatolia

“No tenemos a nadie de lengua árabe que pueda ser pastor de estos cristianos. Se trata de una situación difícil porque los jóvenes cristianos iraquíes no entienden y se preguntan cómo el mundo Occidental cristiano no les ayuda”.
“Muchos no han podido celebrar ni siquiera la Navidad. Muchos no podrán celebrar Pascua. Había solo un sacerdote caldeo que iba por estas ciudades pero han secuestrado a sus padres y ahora se está ocupando de esto”.

Monseñor Paolo Bizzeti es el Vicario Apostólico de Anatolia y explica que hay otra dificultad añadida que impide que la Iglesia católica pueda llevar a cabo su misión.

MONS. PAOLO BIZZETI
Vicario Apostólico Anatolia

“Para nosotros es imposible abrir un centro cultural, un centro juvenil, una escuela o una capilla. Estos cristianos están repartidos en muchas ciudades de Turquía y alejados de donde están las iglesias. Por tanto, la situación sigue siendo dramática”.

Esta circunstancia se debe a una anomalía histórica que está a punto de cumplir 100 años: el tratado de Lausanne suscrito en 1923, después de la I Guerra Mundial. El acuerdo de paz que configuró la Turquía moderna no reconoce a la Iglesia católica, con lo que no tiene personalidad jurídica.

MONS. PAOLO BIZZETI
Vicario Apostólico Anatolia

“Este tratado recoge qué confesiones cristianas están reconocidas, como los armenios o los ortodoxos, e incluso los judíos. Otras confesiones cristianas no se reconocen. Esto se trató en los últimos días de negociación del acuerdo y se dejó sin regular con el fin de hacerlo en el futuro. Pero nunca se hizo por lo que la Iglesia católica no tiene reconocimiento jurídico, no tiene personalidad jurídica”.
“Es urgente una revisión de este tratado de forma que se conceda a estas minorías el tener un espacio para sus fieles. No queremos hacer proselitismo pero queremos cuidar de nuestro rebaño”.

A la imposibilidad para abrir centros de culto se une el hecho de que, en virtud de ese tratado, el gobierno también puede confiscar los que existen cuando no haya un sacerdote o una comunidad que los cuiden.

La Iglesia en Turquía es pequeña pero cuenta con grandes posibilidades y puede ser revitalizada gracias a los refugiados. Sin embargo sus fuerzas son muy limitadas y vive en un contexto que no favorece su crecimiento.

Ángeles Conde.