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Mussie Zerai: Gobierno eritreo cerró escuelas y hospitales católicos que atendían a todos

El padre Zerai explica cómo la persecución y la violencia han obligado a cientos de eritreos a huir a Etiopía, donde viven en campos de refugiados en la conflictiva región de Tigray.

En Eritrea hay cuatro grupos religiosos reconocidos oficialmente: La Iglesia ortodoxa Eritrea, el Islam suní, la Iglesia católica y la Iglesia evangélica luterana de Eritrea. Aunque esto no significa que exista una abundante libertad religiosa.

El sacerdote eritreo Mussie Zerai explica que el gobierno quiere limitar la influencia de los grupos religiosos en la sociedad. Esto significa que se les permite profesar su fe, pero no pueden realizar obras de caridad en sus comunidades.

P. MUSSIE ZERAI
Coordinador Europeo para los Católicos de Eritrea
«El gobierno cerró nuestras escuelas, nuestras clínicas y hospitales. También impuso una serie de restricciones a la libertad de prensa, ya que el gobierno también cerró todas las agencias de medios de comunicación de la Iglesia Católica».

El padre Zerai recalca el papel de los obispos católicos del país en protesta a estas acciones.

P. MUSSIE ZERAI
Coordinador Europeo para los Católicos de Eritrea
«Han intentado la diplomacia y la mediación, esperando que el gobierno escuche y responda, porque lo que hace la Iglesia es por el bien de toda la población. En nuestras clínicas atendemos a 200.000 personas cada año, 200.000 no católicos, nuestros servicios no son exclusivamente para los católicos.»

Las limitaciones y la violencia obligan a cientos de personas a abandonar sus hogares y escapar a países vecinos, como Etiopía. Allí, según este sacerdote, hay unos 90.000 refugiados eritreos repartidos en cuatro centros de refugiados de la región de Tigray, asolada por el conflicto.

P. MUSSIE ZERAI
Coordinador Europeo para los Católicos de Eritrea
«El tratado de paz firmado hace dos años entre los gobiernos de Eritrea y Etiopía había dado la esperanza a los refugiados de poder volver a casa y reiniciar sus vidas en su propio país. Sin embargo, eso nunca ocurrió, ya que la idea de la paz quedó sólo en el papel».

La Iglesia católica y organizaciones internacionales buscan una solución definitiva a largo plazo para ayudar a estas personas a regresar a sus hogares o a integrarse en la sociedad, para tener educación, trabajo y atención médica. Mientras tanto se atienden sus necesidades inmediatas como víctimas desplazadas de la guerra y la persecución.